Confesiones en el bolsillo: cuando la IA sustituye (o reconfigura) la comunidad
En medio de la noche, alguien abre una aplicación en su teléfono y se confiesa: habla de sus miedos, de la ansiedad que no logra controlar o del secreto que nunca se atrevió a contar en voz alta. No le habla a un cura, ni a un amigo, ni a un psicólogo. Le habla a una inteligencia artificial.
No es una anécdota aislada. El New York Times publicó hace unos días un artículo sobre el boom de las apps religiosas en EE.UU. El auge de las apps religiosas y de compañía (con casos como Bible Chat, que ha alcanzado decenas de millones de descargas) muestra que millones de personas recurren ya a chatbots para pedir consuelo, consejo o absolución. Personas que no encuentran en la iglesia un espacio para sus dudas recurren a chatbots entrenados con textos religiosos; hay quien paga 70€ al mes por acceso ilimitado. En Twitch existe un canal llamado Ask Jesus donde cualquiera puede preguntar a una versión digital del hijo de Dios. Y si prefieres chatear, ya tienes la IA ChatwithGod.

Las instituciones religiosas están perdiendo adeptos –en España por ejemplo, en 2025 se define como católica el 52,8% de la población (Un 5,6% menos que 2024)-. Aún así, parece que sigue existiendo un deseo de espiritualidad, pero que las nuevas generaciones no están encontrando en la religión, sino en herramientas como el tarot. En ese deseo, empresas y emprendedores han visto una oportunidad: ofrecer un canal de conversación religiosa más íntimo y alejado de las instituciones tradicionales, en ocasiones denostadas por los jóvenes.
Este fenómeno no debería sorprendernos. El mercado de la espiritualidad digital lleva años creciendo. Ahí están Headspace, Calm y el sinfín de aplicaciones de meditación que han convertido la búsqueda interior en un negocio millonario. Ahora, lo religioso se suma a la tendencia. La fe como servicio bajo suscripción, gestionada desde el móvil.
Pero el éxito no está solo en como ofrecen respuesta a esta necesidad, sino en el formato de conversación que proporcionan este tipo de IAs. Resuelven una necesidad emocional: disponibilidad y ausencia de juicio. Resuelven un problema práctico: no molestar a tu cura, pastor o rabino a las tres de la mañana, la máquina nunca duerme.
Lo que parece una solución práctica plantea preguntas más profundas: ¿qué significa la religión sin comunidad?, ¿se trata de un renacer de la fe o de una fe privatizada y desprovista de vínculos colectivos?
El debate no es exclusivo del terreno religioso. Un artículo reciente de El País mostraba cómo una de cada cuatro chicas de entre 17 y 21 años en España usa la IA como confidente. Lo que encuentran en el chatbot es disponibilidad y ausencia de juicio: no se enfada, no reprocha, no rechaza. Como apunta la terapeuta Silvia García, estas relaciones con la máquina son “más fáciles, porque no hay riesgo de rechazo”.
En un ensayo publicado también en El País, se advertía de otro riesgo: la IA como “esclavo parlanchín, siempre disponible”. Una suerte de genio de la lámpara que nos devuelve lo que queremos escuchar. Es la ilusión del oráculo: místico, opaco, adivinatorio y sobre todo, complaciente. El CTO de Pray.com citado por el New York Times coincide en que los chatbots religiosos son, en gran medida, “yes men”. Nos devuelven afirmación constante, una palmadita virtual en la espalda.
El sesgo de confirmación se amplifica. Cuando nos confesamos a la máquina, en realidad no estamos dialogando, estamos entrenando un espejo que nos devuelve, con palabras amables, aquello que ya queríamos escuchar. El New York Times nos recordaba, en este sentido, cómo esta constante validación erosiona nuestro pensamiento crítico al no hacernos cuestionar nuestras ideas.
Las consecuencias no son abstractas. En el New Yorker, una periodista narraba su experiencia “saliendo con novios de IA”, parejas virtuales, diseñadas para ser siempre cariñosas, siempre disponibles, siempre perfectas. El precio de esa perfección es la falta de fricción, de conflicto, de crecimiento. Si el otro nunca me contradice, ¿puede esa relación realmente aportar algo?
De la religión a la amistad, del amor al trabajo, parece que la IA nos ofrece vínculos sin riesgo. La pregunta no es si estas herramientas “funcionan”, sino qué tipo de comunidad estamos construyendo cuando el consuelo ya no pasa por el encuentro humano, sino por un chat en la pantalla.
En el artículo del NYT, una joven entrevistada reconocía que en la iglesia se sentía más juzgada que hablando con una máquina. Y aquí está quizá el dilema central: ¿queremos eliminar el juicio, la mirada del otro, la incomodidad que a veces implica el trato humano? ¿O, por el contrario, necesitamos precisamente esa mirada ajena -a veces incómoda- para crecer, para cambiar, para conectar de verdad?
Quizá la clave no sea demonizar a la IA, ni celebrarla como nuevo oráculo, sino preguntarnos qué nos dice sobre nuestras propias carencias. Si millones de personas se confiesan a un chatbot, lo que escuchamos no es tanto la voz de la máquina como el eco de una soledad colectiva.
La pregunta es: ¿seremos capaces de usar la tecnología para volver a tejer comunidad, o nos conformaremos con espejos digitales que nos devuelven, una y otra vez, la ilusión de compañía?
¿Qué hemos leído para hacer este artículo?
- ‘Finding God in the App Store‘ por Lauren Jackson, New York Times
- ‘Una de cada cuatro chicas de 17 a 21 años recurre a la IA como confidente para “contarle sus cosas”‘ por Eleonora Giovio, El País
- ‘Un esclavo parlanchín siempre disponible: cómo afecta la IA a nuestras relaciones personales‘
por Ana Geranios, El País - Barometro octubre 2025, CIS
- Barometro octubre 2024, CIS
- ‘De la Iglesia al tarotista, cómo los jóvenes reinventan la espiritualidad: «El fin es el mismo pero es más fácil, más en consonancia con los tiempos»‘ por Irene Merayo, El Mundo
- ‘Playing the Field with My A.I. Boyfriends‘ por Patricia Marx, New Yorker
- ‘She Is in Love With ChatGPT‘ por Kashmir Hill, New York Times
- ‘ChatGPT fed a man’s delusion his mother was spying on him. Then he killed her‘ por Benedict Smith, New York Times
- ‘A Teen Was Suicidal. ChatGPT Was the Friend He Confided In’ por Kashmir Hill, New York Times
- ‘Next Time You Consult an A.I. Chatbot, Remember One Thing’ por Simar Bajaj, New York Times
Extra -también sobre IA y religión-: ¿Rezar con una máquina? La inteligencia artificial empieza a creer en Dios por Selva Vargas Reátegui, El País
Escribe Paula Juan