Del ‘doom scrolling’ al ‘do scrolling’ como estrategia

Ha comenzado 2026 y una idea se repite de forma insistente entre los Substack, podcasts y cuentas que sigo: en 2025 nos dejamos llevar demasiado por el algoritmo. Consumimos cultura y medios de forma tan pasiva que, por momentos, habitamos la cultura en modo automático, y nuestra atención dejó de ser una decisión y se convirtió en algo que simplemente sucedía. Noelia Ramirez y Begoña Gómez en su Podcast ‘Amiga date cuenta’ hablaban de ‘la gran tontificación’.

Lo interesante no es tanto el diagnóstico que hacen estás cuentas, sino sus consecuencias. Porque darnos cuenta del tipo de consumidoras que hemos sido también abre la puerta a cambiarlo. Y cambiarlo implica algo más profundo: modificar nuestra relación con el entorno, la cultura y, por extensión, las marcas.

En octubre de 2025, Derek Thompson escribió que todo se había vuelto televisión. No solo por la omnipresencia del contenido en formato vídeo (reels, Tik Toks, shorts, YouTube), sino porque dejamos de usar las redes sociales para conectarnos con otras personas. Su función original se diluyó y hoy las usamos, sobre todo, para seguir a influencers o celebrities, consumir contenido infinito o rellenar tiempos muertos. No para conocer gente nueva ni para sostener vínculos existentes. La red como espacio relacional se ha transformado en un sistema de entretenimiento continuo.

[Fuente: John Burn-Murdoch at the FT]

[Fuente: activate consulting. Technology & Media Outlook 2026]

Que en 2024 la palabra del año elegida por la Universidad de Oxford fuera ‘Brain rot1 y en 2025 ‘rage bait2 o ‘Slop3’ por el diccionario Merriam-Webster no es anecdótico. Algo se nos removió colectivamente. Estas palabras no solo describen tipos de contenido, sino una incomodidad creciente con el uso que hacemos de Internet: qué consumimos, cómo lo hacemos y qué lugar ha quedado para nuestra agencia.

Por eso empieza a circular una idea interesante para 2026: pasar del doom scrolling al do scrolling. De desplazarnos sin conciencia a usar la red con intención. Quizá por eso plataformas como Substack siguen creciendo, porque no prometen eficiencia ni viralidad, sino lectura, tiempo y decisión.

Este giro conecta con otro cansancio que arrastramos. En 2025 empezamos a cuestionar la cultura exagerada del esfuerzo aplicada también al ocio: medita, entrena, levántate a las cinco de la mañana, optimiza tus hábitos, registra tus emociones. En 2026, la ruptura es más clara. Ya no queremos seguir funcionando como máquinas ni siquiera cuando descansamos.

Parte del consumo vacío de internet es consecuencia directa de ese agotamiento. Llegamos exhaustas a nuestros momentos de ocio después de jornadas enteras de optimización personal y laboral. Y entonces caemos en contenido banal, no por falta de criterio, sino por pura fatiga.

Esther MK lo planteaba así en su newsletter: “En el debate IA vs. humanos, quizá los humanos necesitamos recordarnos no actuar como máquinas. Si la optimización es la lógica dominante de la era de las máquinas, la anti-optimización podría ser el lugar donde se cree el próximo valor humano duradero”.

Aquí aparece una clave estratégica. Si durante años el valor estuvo en la personalización algorítmica, la producción industrial de contenido y la eficiencia extrema, quizá lo diferencial en 2026 sea justo lo contrario.

Como señala Ana Andjelic, la personalización algorítmica ha convertido el descubrimiento en un tour guiado por un mar de igualdad. Todo llega “a medida”, pero nada sorprende. Todo encaja, pero nada deja huella.

En este contexto, acompañar a las personas a recuperar el control de su tiempo y criterio puede convertirse en una ventaja real. No más contenido. No más optimización. Más agencia. Las marcas que sigan optimizando para el algoritmo llegarán antes, pero pasarán igual de rápido.

Porque quizá el problema no era que consumiéramos mal, sino que dejamos de elegir. Y cuando elegir vuelve a ser raro, quien lo facilite deja de competir por atención y empieza a competir por significado.

  1. Brain Rot: deterioro intelectual, psicológico o cognitivo causado por el consumo excesivo de contenido en línea de baja calidad, sobre todo en redes sociales. (Wikipedia) ↩︎
  2. Rage Bait: contenido en línea diseñado deliberadamente para provocar ira o indignación siendo frustrante, provocativo u ofensivo. (New York Times) ↩︎
  3. Slop: refiere a la proliferación de videos e imágenes absurdas (y a veces perturbadoras) que saturan las redes sociales. (El País) ↩︎

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Escribe Paula Juan