La colaboración como ventaja competitiva
Hace unas semanas, un cliente nos encargó el diseño de una investigación para entender a los votantes indecisos. Hasta ahí, todo normal. Lo interesante vino después: “¿Y si los participantes usan IA para responder?” preguntó. Silencio “¿Y si el equipo de investigación también la usa?”
Ahí estaba el dilema contemporáneo.
El número de empresas con procesos “basados en IA” se ha duplicado el último año, y sin embargo el MIT Media Lab calcula que el 95 % no obtiene retorno medible de su inversión. Mucho entusiasmo, poco valor.
La razón puede ser sencilla: las máquinas producen trabajo que parece bueno, pero rara vez lo es. Workslop, lo llaman: informes impecables, vacíos de contexto, que a continuación un humano debe reinterpretar o incluso rehacer. En investigación, la calidad no reside en la producción de contenido, sino en la posibilidad de discutirlo.

La capacidad de argumentar, esa habilidad que se adquiere antes en grupo, sigue siendo la base de toda investigación cualitativa. Es una práctica de colaboración real: preguntar, contradecir, matizar, repensar, elaborar. De ahí surge el conocimiento: no de la respuesta inmediata, sino del intercambio de argumentos. La IA puede analizar datos, pero no puede debatir una idea. Puede procesar patrones, pero no construir significado compartido.
Y ahí se encuentra el punto ciego de muchas organizaciones: en su afán por automatizar, están desmantelando el músculo de la conversación. Confunden comunicación con colaboración, eficiencia con comprensión. Pero lo que consigue mejores proyectos no es la velocidad, sino la fricción entre perspectivas.
El compromiso con la colaboración no es romanticismo analógico: es una estrategia de negocio. En un entorno saturado de contenido generado por máquinas, la discusión entre personas se ha convertido en reducto de calidad, porque sigue siendo la única capaz de producir sentido.
La verdadera pregunta no es si los participantes o los equipos de investigación utilizan la IA. La pregunta es si, con IA o sin ella, seguiremos sabiendo debatir.
Escribe Marina Lorenzo
Artículo elaborado a partir del trabajo de Kate Niederhoffer, Gabriella Rosen Kellerman, Angela Lee, Alex Liebscher, Kristina Rapuano y Jeffrey T. Hancock, publicado como AI-Generated “Workslop” Is Destroying Productivity en Harvard Business Review (septiembre 2025).